In Familia, Infancia, Venezuela

¡Dios mío! ¿Quién rompió mi vestido?

Esta es una anécdota familiar, que ocurrió hace muchos años una Navidad en casa de mis abuelos maternos. Como ya les he referido antes, por disposición de mis padres, todos los 24 de Diciembre. o sea Navidad, íbamos a Lagunillas, Edo. Zulia a la casa de mis abuelos maternos y cada 31 de Diciembre,  o sea Fin de año, íbamos a Puerto Cabello, a la casa de mi Tía Rita y mis abuelos paternos.

Esa víspera de navidad, estábamos algunos pequeños, otros adolescentes y otros bebes, así que había mucho movimiento en aquella casa, la casa de mi abuela María, en realidad no era muy grande, pero ha de ser que todos queríamos estar con todos, que nadie se sentía incómodo. En fin, estaban los adultos preparando todo para la fiesta de Nochebuena y nosotros danzábamos de aquí para allá y de allá para acá y me imagino que no ayudábamos mucho a la organización sino más bien a la desorganización.

No recuerdo bien de quien fue la gran idea, pero de pronto, nos armaron una fila de carros con todos los carros de la familia que eran como tres o cuatro y nos dijeron que entre todos, chiquitos y grandes, laváramos los carros para que estuviesen limpios y relucientes para esa noche también.

Emocionados fuimos a buscar todos los implementos para empezar aquella tarea y en un abrir y cerrar de ojos nos tenían a toda la muchachera lavando y puliendo los carros.

Fue un trabajón enorme, quedamos exhaustos y ellos lograron su propósito, distraernos y sacarnos un rato de la casa para poder terminar de prepararlo todo.

Aquel trabajo fue festejado y alabado por los adultos, todos nos felicitaban por lo bien que habíamos hecho nuestra tarea y aquellos carros, según mi óptica infantil, habían quedado rechinando de limpios.

Llegó la hora de bañarse y ponerse los estrenos, eran alrededor de las 6:30 de la tarde y ya iba a empezar a caer la noche así que debíamos alistarnos para la llegada de Santa, entramos a desordenar nuevamente pero esta vez ya para acomodarnos y volver a salir al porche como niños buenos a esperar la tan anhelada llegada de los regalos y San Nicolás.

Estuvimos listos en un santiamén, particularmente a mí me costaba sacrificar tiempo para bañarme e incluso hasta para comer, había mucha diversión con los primos para yo estar perdiendo el tiempo de tan mala manera, jajaja.

Mi tía Levis, quien fue nuestra representante de Santa aquí en la tierra por muchos años, también empezó a alistarse para la fiesta y para ir más tarde a buscar a Santa al aeropuerto, ella compartía siempre un rato con todos y luego llegaba el momento de despedirse para ir una comitiva al aeropuerto a buscar a Santa, ella nunca regresaba, la verdad, una vez que el llegaba, nadie se acordaba de mi tía levis, hasta que de pronto ella aparecía y aquel secreto permanecía intacto.

El caso es que cuando ella fue a buscar su vestido, encontró solo pedazos colgando del tendedero de ropa que tenía mi abuela María en el patio.

Aquellos pedazos de aquel vestido, destilaban aún agua y estaban sucios, con aquel hermoso vestido, habíamos lavado los carros.

Les explico, regresemos al punto en el que nos asignan la tarea y salimos todos corriendo a buscar los implementos, en aquel momento, dos de nosotros estaban encargados de buscar los paños con los que íbamos a secar los carros. El vestido nuevo había sido enjuagado y puesto a secar en la mañana para vestirlo en la noche. Este par vio el vestido y como para la época estaba de moda que la falda de los vestidos eran rasgadas y caían de forma desigual, ellas asumieron que el vestido estaba roto y ¡saz!, lo terminaron de romper, salieron con los pedazos y nadie notó que eran los trozos del vestido nuevo de mi Tía Levis.

Se prendió el zafarrancho, mi Tía estaba indignada y acudió a la mayor instancia de la casa, mi Abuelo Antero.

Parecíamos unos conejos asustados, nos sentaron en la sala de la casa y cada uno debía entrar al cuarto de mis abuelos para ser interrogados solemnemente por él.

Por supuesto de inmediato sospecharon de los varones, José Rafael y Humardi, era una tela muy difícil de romper para que las niñas lo hicieran. Pasaron por el interrogatorio y fueron declarados inocentes, la siguiente mirada era para las no tan pequeñas pero éramos las mas inquietas, Gleydis, Carola y yo. Fuimos sometidas al interrogatorio una por una, salimos ilesas, declaradas inocentes también. Las opciones que quedaban eran los más chiquiticos, que ni siquiera alcanzaban a la cuerda de tender ropa y las dos mayorcitas que eran las mejores portadas, así que era imposible que el culpable o los culpables estuviesen entre nosotros. Pero como se trataba de hacer justicia, había que ser imparcial y mi abuelo como juez, tenía que interrogarnos a todos.

Cuando fue el turno de Coco, la pobre no aguantó aquella presión y echo a llorar, declarando su culpabilidad y señalando a Angela como su cómplice. Estábamos todos sorprendidos y ante la mirada impávida de la familia contaron como habían sucedido los hechos.

“Angela y yo entramos a buscar los paños para lavar y secar los carros y vimos ese vestido que estaba colgado en la cuerda, entre las dos concluimos que el vestido estaba roto y decidimos terminar de romperlo para usarlo como trapos”.

Mi abuelo no salía de su asombro y les preguntó, como habían hecho para romperlo si él con toda su fuerza no podía, además se podía ver que no había sido con tijeras.

En este momento, le tocó el turno de confesar a Angela, mi hermana: – “Yo fui abuelo”. Tomó la tela y con sus dientes, le demostró al abuelo, como había sido cometido aquel crimen en contra del vestido nuevo de mi tía Levis. No recuerdo si hubo castigo para ellas, quizás solo un fuerte regaño.

Finalmente, los ánimos se relajaron, mi tía se consoló y decidió dejar las cosas así por la paz, se puso otro vestido, además ella tenía que ser San Nicolás un rato más tarde y no podía guardar rencor a aquellas criaturitas, jo,jo,jo.

Y colorín colorado este cuento se ha terminado, como todas las navidades, Santa llegó, nos dio nuestros obsequios y fuimos felices para siempre!

el vestido

Dedico este escrito a mis amados primos, a todos, a los que estuvieron en este episodio y a los que no, a esos primeros amigos que nos ensenan a socializar, a empezar a entender lo que será la interaccion con otros niños. A mi Tia Levis, gracias por haber sido nuestro San Nicolas y ser parte de nuestra muy feliz infancia. A ustedes, con todo mi amor, FELIZ NAVIDAD 2017!

 

 

 

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5 Comments

  1. Gleydis Rodríguez
    12 months ago

    Jajajajaj excelente mi Hilducha , no pudecontener la risa y el llanto . Mejor no pudo ser contando … te adoro ❤️.Pasamos una infancia súper feliz

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    1. Hildamar Camejo
      12 months ago

      Gracias mi Gleiducha querida! Recuerdos de una epoca maravillosa…

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  2. migdalia camejo
    12 months ago

    te imagino los los ojos bien pelados tratando de encontrar al culpable. comp buena abogada y a la pobre angela tratando de contener la risa con los ojasos que se le salian. sin duda las navidades en casa de la abuela maria siempre fueron muy divertidas-

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    1. Hildamar Camejo
      12 months ago

      Gracias tia, bendicion… Asi fue, a l apobre Angela se le iban a salir los ojos y Coco no paraba de llorar… jajajaja

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  3. Despedimos el Año 2017... Feliz Ano nuevo 2018!
    11 months ago

    […] de Diciembre, solíamos pasarlos con mi familia paterna en mi natal Puerto Cabello. De regreso de la celebración del 24 de diciembre en Lagunillas, Edo. Zulia, con mi familia materna, llegábamos a Puerto Cabello, a la casa de mi tía Rita, quien vivía […]

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